Visitors

free counters

miércoles, 8 de octubre de 2008

El lobo y la luna


Un lobo gris vivía en el monte, le agradaba estar solo, en lo posible trataba de alejarse del resto de la jauría. Al principio no le fue fácil, sus hermanos lo llamaban para integrarlo a sus juegos vespertinos y a tanto requerimiento no le quedaba otra salida, tenía que acceder. El lobo fue creciendo, su hermoso pelaje gris se oscureció un poco más, le gustaba verse en el espejo del lago, todo él brillaba y le parecía que era más hermoso que sus hermanos.

Un día, al volver de su solitaria caminata, se sorprendió que nadie saliera a recibirlo, el silencio que rodeaba el hogar de los lobos era estremecedor, sintió un horrible olor a sangre fresca en el ambiente, corrió lo más que pudo, cuando llegó al sitio de la emanación su corazón se detuvo y sintió que iba a morir. Los restos de toda su familia estaban ahí … uno sobre otro, sin piel, la matanza había sido cruel, muy cruel, se quedó quieto mucho tiempo, sin saber qué hacer, el dolor que experimentaba era tan fuerte que lo impulsó a correr monte arriba, después de varias horas se quedó dormido por el cansancio y la tristeza.

Al día siguiente, al recordar lo que había sucedido tomó una decisión: Nunca más bajaría del monte, por suerte estaba acostumbrado a la soledad, eso amenguaría su sufrimiento. Se hizo mayor, su pelaje era más hermoso aún pero al verlo ya no se ufanaba como antes, todo lo contrario, pensaba que sobre la piel tenía su sentencia de muerte. “Si fuera más claro” se decía, “tal vez no les gustaría tanto y no sería tan peligroso para mí”.

Una noche de cielo despejado decidió subir hasta la parte más alta del monte, se inspiró en la serenidad que lo rodeaba y empezó a cantar, cantaba de su vida, de sus penas, sus recuerdos, de pronto, su entonación se opacó, sus ojos se habían fijado en la luna, nunca la vio tan bella, “brilla como yo”, pensó, “pero está segura, está muy lejos … ¡Qué hermosa es!”. Desde esa noche todas las que vinieron, el lobo le cantaba a la luna y a ella parecía gustarle su canto porque se quedaba más tiempo en el cielo.

Pasaron muchas lunas y serenatas a todo pulmón, las noches de cielo nublado volaban raudas, las noches de luna se prolongaban. Así, un día, el lobo se percató que algo ocurría con su pelaje, estaba claro, plateado, como si los rayos de luna continuaran sobre él, no sabía si eso era bueno o malo, sinceramente le parecía que ahora era más bello que antes, pero no estaba dispuesto a comprobarlo. Encogió los hombros y continuó con su rutina de cantos y esperas, no se dio cuenta del tiempo hasta que una noche solo pudo cantar unos minutos, las fuerzas le faltaron, pero debía superarlo, allí brillando como siempre estaba ella, su amiga luna, hermosa como siempre, se dio ánimo y logró que el canto brotara una vez más, al terminar tuvo que sentarse, elevó la cabeza lentamente, sentía que el cuerpo no le obedecía, “¿por qué me parece que ya no hay tanta luz?” –se preguntó- al fin, al mirar al cielo vio a su luna, pero no estaba limpia como siempre, un nubarrón negro la fue cubriendo y los recuerdos de su familia sin piel lo estremecieron.

El hermoso lobo había muerto, después de algún tiempo, los hombres buscadores de piel, lo encontraron y decían: “¡Cómo no supimos que habían lobos plateados por aquí!” y creyendo que habían más se quedaron cerca al monte … hasta hoy.

MORALEJA: Tarde o temprano terminarás pareciéndote a la persona con la que tienes comunión.

No hay comentarios:

Datos personales